Hoy me acordé de ti, de cuando intenté conquistarte, cuando tú pasabas por una depresiva soledad y yo moría de amor por ti.
En un mundo insipiente con palabras vacías, inocuos, que no decían nada, pero a la vez eran palabras alegres y suaves.
Eras bisoño con las mujeres, te endurecías cuando me acercaba a ti, creía que yo te daba miedo. Y yo con mi penuria de malas palabras no encontraba la manera de decirte que yo era neófito en temas te amor y la vergüenza era superior a mi.
Entre zafiros y muelles yo me volvía loca a tu angustia por no poder controlar tu gran mente que aludía lo que yo decía.
Eras callado, te miraba y me imaginaba una soledad de quimeras. Pero yo me sentía boyante al mirar esos cristales turquesas que brillaban después que bajabas la vista de mirar la luna.
Y aún no hablabas por esa boca de labios gruesos y suaves como algodón acrisolado.
Tenías un perfil perfecto, eras un unicornio azul de gran linaje.
Yo sentía una vesania inmensa, como si estuviese sombría al verte y pedirte que me dijeras que el sol sí brillará mañana. Quería esconderme en tu mano y que me tocaras como a una flor verde de pétalos abandonados por el frío mar que nos traía estrellas fluorescentes y nos gritaba palabras sin ecos. Yo quería arrancarme el corazón y meterlo en una caja con olores tipo caramelo, para entender tu angustia y sufrir contigo hoy y siempre.
Agarraste tu boina y te fuiste caminando hacía la orilla de un paraíso sin luces. Me dejaste sola en medio de un desierto de conchas negras.
Hoy te vine a ver, se cumple un año desde que abandonaste este mundo ruidoso y vuelas por las nubes como el ave que siempre soñaste ser.
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