sábado, 4 de agosto de 2007

Confusión

El vapor grisáceo se escapa de su boca al no lograr justificar que puedo ser mejor. Frunce el ceño al no sentir miedo por no cambiar lo vivido, por el singular deseo.
Acorralada por quienes pretenden adentrarse en mi vida torpemente, las incoherencias se apoderan de lo que no supe manejar.
De qué sirvió dedicarte fragmentos en secreto durante toda la trituración si tu sonrisa olvidadiza me hará creer en la convivencia del sí y del no. Hasta que extermines mi confesión atorada con la misma sonrisa con la cual le diste la bienvenida a un sueño mal soñado.
Hombre como cualquiera, creyendo un destino asegurado, se resguardó tras el polvo de los años “vividos”, y sin mencionárselos a nadie, despejó la mejilla fría y volvió a su tempestad.
Era hora de que me invitaras a aquél lugar donde tendrías que romper a mordiscos mis labios. Para no fijarme en el éxtasis desinteresado sobre mi inimaginable abstracción.
Apoyé mi cabeza en las guardadas rodillas, dejando que las malezas trepen por mis costillas. Me quedaba algo de tiempo antes de comenzar a sentir mi saliva mezclada con sangre.
Una mirada opaca y sin desprecio se dirige a un ente carente de forma, y saturado de significados, donde comenzó el proceso de silencios que establecieron.
La culpa es de ella; pero por culpa de él.
Vive imaginando lo que no sucedió cuando en sus manos abundaban las opciones.
Me acomodo ante una situación incómoda pero sin olvidarte un segundo, retirando mi mirada sobre tus reacciones (y no es que me acomode)…
Me golpea lo inconstante, y cierras el paréntesis sin proponértelo.
Ya desvestiste mi vergüenza.
Sabes que no quiero entregarte lo que sé de mí. Lo mejor, mi orgásmico juego sigue siendo un inútil secreto, mientras mi niñez lo acompañe, no perderá el magnetismo.
Huelo con excitante desesperación mi cuello ausente, y los residuos de mi pelo y la tierra húmeda ya forman parte de la insatisfacción de tocarse sin sentirse.
…Otra situación incómoda,
Imposible de acomodar…

No hay comentarios: