Buenas noches compañero. Sé que estás ahí, al otro lado del hilo telefónico, en esta soledad errante y absurda que nos ataca el alma como el peor de los vinagres, en este triste muelle sin olas en el que se convierte la vida cuando ya nada ni nadie te importa, salvo seguir tirando de la noria para adelante. Yo también estoy aquí sola en medio de la soledad, envuelta en la negra ceniza de silencio que tiñe mis pensamientos.
Aquí, anclada en la bahía del recuerdo como un viejo galeón sin fuerza para adentrarse de nuevo en alta mar, o en esa aventura de amor que a veces te aprieta el corazón y te arrastra en su tempestad hacía horizontes insospechados. Sí, yo también estoy aquí, en esa amargura honda de túnel sin fondo a la que nos ha traído, sin que pudiéramos evitarlo, el destino.
Hace tiempo que deseaba escribirte, contarte lo que me sucede dentro y nunca logro sacar afuera, ese huracán de sentimientos que me recorre el tuétano de los huesos cuando pienso en ti e imagino que existes.
Hace tiempo, mucho tiempo que quería explayarme contigo, como si fueras un personaje real de la historia que me ha tocado vivir, a pesar de este rencor oscuro de esparto que me crece en las venas cuando te encuentro asomado a algún recuerdo y no soy capaz de cerrar la ventana.
Tú eres así. Imprevisible, siempre lo fuiste, desde que nos conocimos. Desde que te vi una tarde, paseando por el parque y eras alto como un chopo adolescente culminado por una larga melena rubia.
Parecías una luna llena en una noche de tormenta.
Hay amores que sólo existen en la palma de la mano y tu eres uno de ellos, una semilla que el viento nunca quiso traerme, aunque me la restregara por los ojos hasta dejarme ciega, esos ojos que cuando se cierran ven tu cuerpo de príncipe saliendo de los sueños, cayendo como un golpe seco, puntual, cortante, en las redes de mi ensueño. La luz se desvanece tras los párpados se diluye en el fondo del cerebro, tras el telón del subconsciente. Y luego tus pasos se pierden en la distancia, se alejan lentamente. En la cometa sin hilo que se oculta bajo la almohada, en los desagües oxidados del tiempo, en la fría cloaca del infinito, con la idea de volver a torturarme en otro momento.
Aquí estoy, encerrada en este cofre del mundo sin ser ningún tesoro, como un alma en pena condenada a los caminos más remotos e inhóspitos, al frío mármol de la abstinencia sin ser viuda, sin ni siquiera haberte catado por fuera o haber asistido a uno de tus locos y febriles devaneos.
Ya lo ves, la vida es así. Para unos tantos y para otros tan poco. Y una sola puede decir para consolarse: -¡Si lo sé, no vengo! Yo soy la fea esa, de uñas largas a la que desprecias intensamente cuando pasa por tu lado y te mira de reojo, para que no te des cuenta de todo el deseo concentrado de semental salvaje de darte un beso.
Pero ya sé, no te gusta la grasa. A ti sólo te van las chicas alta, cuadradas, con más pintura que cerebro.
M.
27-01-06
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1 comentario:
Buena descripción.
Para mí en tanto, Liv Tyler es mi único amor platónico =P
Saludos
":::♣♫♂ Кℓασ §α§τίάη ♂♫♣:::"
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